Hablar por no callar, escribir antes de borrar

por Abel Marín
autenticidad y comunicación personal

La semana pasada alguien me llamó «el bruto». Un mote inesperado, una tarde de conversación y un nuevo amigo. Lo que no dices no te protege. Solo te hace más pequeño. ¿Autenticidad y comunicación personal?

No fue un insulto. Fue un mote. Y fue, sin saberlo, el mejor cumplido que me han hecho en mucho tiempo.

Lo dijo un tipo que conocí hace un mes de pasada, en una cafetería, cinco minutos, sin sentarse. La semana pasada coincidimos en una fiesta y cuando recordó dónde me había visto, soltó: «el bruto». Con una sonrisa. Nos pasamos la tarde charlando. Nos dimos los teléfonos. Creo que hice un amigo que vale la pena.

Eso no pasa si yo ese día hubiera medido las palabras.

Lo que ilumina la sombra

Todos llevamos dentro cosas que fingimos que no tenemos. Miedos que llamamos prudencia. Deseos que llamamos excesos. Verdades que llamamos imprudencias.

Jung lo llamó la sombra. Yo lo llamo lo que eres cuando nadie te está evaluando.

El problema es que vivimos en evaluación permanente. LinkedIn, reuniones, cócteles de networking, conversaciones de ascensor. Todo filtrado, todo calibrado, todo seguro.

Y entonces alguien dice algo sin filtro, algo que roza lo que tú también sientes pero no dices, y pasa algo raro: o te incomoda, o te asombra, o te arranca una sonrisa. A veces las tres cosas a la vez.

No es casualidad. Es reconocimiento.

El hipotálamo no sabe mentir

Las ideas que solo llegan a la cabeza no cambian nada. Se procesan, se archivan, se olvidan.

Las que bajan más, las que rozan algo emocional, algo antiguo, algo que no sabías que tenías ahí, esas sí dejan marca. Para bien o para mal, pero dejan marca.

Por eso el discurso perfecto no conecta. Por eso el paper brillante no mueve. Y por eso hay personas que hablan durante horas y no dicen nada, y hay quien suelta una frase en cinco minutos y te cambia algo.

No es lo que dices. Es desde dónde lo dices.

La reacción del otro no es tuya

Aquí está lo que nadie quiere aceptar: no puedes controlar cómo te reciben.

El mismo comentario que a uno le incomoda a otro le libera. La misma frase que hoy molesta mañana resuena. Cada persona está en su momento, en su propio peso de cosas no dichas, y lo que tú dices aterriza en ese terreno, no en el tuyo.

Eso no es excusa para ser imprudente. Es razón para dejar de ser cobarde.

Hablar por no callar no es hablar por hablar. Es negarse a desaparecer en el ruido de lo correcto.

Escribir antes de borrar no es publicar sin pensar. Es publicar antes de que el miedo te convenza de que no deberías hacerlo. Eso pudiera ser la prueba de que tu sombra te ensombrece. 

Porque lo que no dices no te protege. Solo te hace más pequeño.

La realidad existe

You may also like

Deja un Comentario

* Utilizando este formulario, aceptas que se queden guardados tus datos en esta web.