Geopolítica sin filtros: no va de buenos y malos, sino de poder real. Gibraltar, Marruecos, OTAN y el riesgo que nadie quiere analizar. Avisados estamos.
La mentira cómoda: líderes locos vs líderes racionales
Trump puede gustar más o menos. Odiarlo más o menos. Parecer más o menos loco.
Lo mismo pasa con Putin, con Kim Jong-un o con el ayatolá de turno.
Con Xi Jinping, ni idea, éstos son un Polit buró hermético.
Pero en China no hay influencers libres, ni Facebook, ni Tik-tok, tiene otras cosas con unos tíos mirándote día y noche.
En Rusia, China, Irán y Corea del Norte lo que sí hay son desapariciones misteriosas que nunca más se supo de ellos.
En China, la verdad es que, si no tienes inquietudes políticas ni filosóficas puedes vivir en el capitalismo más salvaje.
La diferencia no está en el carácter. Ni en la moral. Ni en quién te cae mejor según tu sesgo político.
Putin no solo habla. Actúa. Vaya si actúa: ahí están Crimea y Ucrania.
Irán no improvisa. Lleva más de 40 años financiando conflictos armados y jugando a la guerra en la sombra.
Vive amenazando con aniquilar al único estado democrático de oriente medio y denominando a EEUU en su discurso de Estado como en Gran Satán. Si pudiera, parece que no puede, lo arrasaría, por orden directa de Alá.
Kim Jong-un amenaza… y prueba misiles, pero como no puede más mantiene a su población bajo el terror más distópico y cruel de la Tierra, allí eso de los Derechos Humanos no se exige por la «comunidad internacional». Cobardes. Todos.
China extermina a los tibetanos y a los uigures. Pero China sí puede hacerlo, no debe, pero puede y lo hace sistemáticamente.
A ver, la norma es que los más psicópatas lleguen a la cima del poder, y la excepción es que el buen político dure más de un par telediarios.
Sólo tenemos que ver lo que tenemos aquí. ¿Se imaginan a Pedro Sánchez, con Ábalos y compañía al mando de la Casa Blanca y el Pentágono?
La realidad incómoda: el poder marca el límite
La línea no la marca la ética, aunque a mi es lo que me gustaría. La línea del límite de la acción la marca el poder. Y el poder se mueve según su auto incentivo: más poder. Suele ser bueno, aunque doloroso, reconocer lo que somos como especie.
Todos los líderes empujan hasta donde pueden. Todos dicen lo que quieren. Pero no todos pueden hacer lo mismo. Y ahí está la única diferencia que importa.
Parece que la actual administración de EEUU sí está haciendo, y para aquellos que piensen que a Trump le quedan dos años y medio, no olviden que tiene a DJ Vance y Marco Rubio que son los verdaderos validos y sucesores de éste.
Su preparación, sus formas, y sus trayectorias están bastante alineadas con el voto americano, más allá del puro «trumpismo».
El punto ciego: Gibraltar, Marruecos y el control del estrecho
Trump considera aliado y buen amigo a Marruecos. También a sus primos hermanos: Reino Unido.
Y en medio hay un detalle que muchos prefieren ignorar la importancia militar de: Gibraltar.
El estrecho de Gibraltar no es un accidente geográfico. No es sólo una plaza militar esencial. Es una arteria crítica del comercio mundial.
Tan estratégico como Ormuz. Tan clave como Suez.
Quien controla ese paso, controla mucho más que barcos. Controla flujos, precios, decisiones… y sumisiones.
Alianzas: contratos, no amistades
Nadie puede expulsar a un país de la OTAN, el propio tratado no lo establece.
Pero cualquiera puede salirse. Y firmar nuevos acuerdos con quien le convenga.
Es como cuando tos se salen de un grupo de Whatsapp, si te queda sólo es que te han echado.
Las alianzas no son relaciones sentimentales. Son contratos.
Y los contratos se rompen cuando dejan de ser útiles.
El escenario que nadie quiere mirar
Ahora quita la ideología.
En Marruecos hay otro dictador, con un pueblo que le sigue más o menos, Mohamed, y desde que yo tengo uso de razón reclama su soberanía sobre Ceuta y Melilla.
Gibraltar deja de ser una anécdota y pasa a ser palanca. El estrecho se convierte en herramienta de presión.
Abre los ojos: tres amigos (EEUU, Marruecos y Reino Unido) agreden a España.
Y entonces la pregunta deja de ser teórica. ¿Entras en guerra? ¿O agachas la cabeza mientras te empobrecen?
El problema no es Trump
El problema no es Trump. Ni Putin. Ni Irán.
El problema es seguir analizando el mundo como si fuera una película de buenos y malos. El gravísimo problema es no ser españoles y mirar por nuestros verdaderos intereses, nuestra vidas.
A los antiamericanos de consigna fácil, a los que convierten la geopolítica en religión de partido, les vendría bien hacer algo incómodo:
Pensar. Pensar sin siglas. Sin fe ciega. Sin tribu.
Porque la realidad no negocia con tus simpatías.
Y el poder tampoco.
La realidad existe
