Dónde va Vicente. Así es como el Poder te mete dentro.

por Abel Marín
fondos de renta fija gubernamental

Llevo años estudiando cómo el Poder controla la emisión de moneda. Soy abogado, inversor, y he leído más de lo que debería sobre Historia monetaria y soberanía de los Estados.

Y tengo renta fija gubernamental en cartera.

No sé exactamente cuánta. Ni yo la elegí del todo.

Como casi todos los que invertimos en lo que el banco nos vende, tengo fondos que «dicen que son seguros». El gestor tampoco sabe bien qué hay dentro —pero suena tranquilizador y todo el mundo los tiene.

Dónde va Vicente. Donde va la gente.

Y yo, que sé perfectamente que la verdadera soberanía de un Estado no está en su ejército sino en su capacidad de crear dinero —yo también caí. Por inercia. Quizás por aquello que Charlie Munger explicaba mejor que nadie: los mercados no los mueve la codicia, sino la envidia.

Si el mecanismo funciona conmigo, imagina lo que le pasa al que ni se lo pregunta.

Ahora viene el siguiente nivel.

Mientras el ciudadano medio sigue asociando las criptomonedas a especulación y a gente rara en internet, en Washington han aprobado el GENIUS Act. En Bruselas, MiCA. En Frankfurt, Lagarde lleva cinco años construyendo el euro digital.

No es casualidad. Es arquitectura.

El GENIUS Act regula las stablecoins —monedas digitales atadas al dólar— y exige que cada token emitido esté respaldado 1:1 por efectivo o bonos del Tesoro estadounidense.

Traduzco: cada stablecoin en circulación es una unidad de deuda pública americana convertida en moneda digital. El Tesoro de EE.UU. se convierte en el banco central del ecosistema cripto. Sin haberlo votado nadie. Sin que nadie te lo haya explicado.

La deuda que tienes en cartera sin haberla elegido del todo —esa misma deuda— va a convertirse en la moneda con la que pagarás el café.

El caballo de Troya no llega con espada. Llega con blockchain y con promesa de estabilidad.

El Poder siempre controló la emisión de moneda.

Siempre justificó ese control con leyes —antes divinas, ahora estatales, mañana digitales.

Lo nuevo no es el control. Lo nuevo es que esta vez va disfrazado de innovación tecnológica.

Europa responde con el euro digital y con MiCA: más regulación, más soberanía pública, más retraso tecnológico. Llega tarde, como casi siempre, pero al menos sabe a qué juego está jugando.

El ciudadano medio, no.

Una sola pregunta.

¿Sabes realmente qué hay en tus fondos?

No lo que dice el folleto. Lo que hay de verdad.

Si la respuesta es no —y para la mayoría lo es— acabas de entender por qué el GENIUS Act importa aunque nunca hayas tenido una sola criptomoneda.

El virus de la deuda americana ya circula. El antivirus europeo llega tarde y con efectos secundarios.

Tú decides si eso te tranquiliza.

El euro digital: ¿innovación monetaria o último dique frente al tsunami del dólar tokenizado?

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