Sube el SMI. Aplausos. Portadas. Promesas. Pero cuando se apagan los focos, los números siguen siendo los mismos, discuten sobre si la carga fiscal o la presión fiscal. Cuentos de cuentistas vividores: el sistema sigue ordeñando al que produce.
Una trabajadora con 1.885,65 € brutos mensuales (cifra real del SMI en 2025 en jornada completa, con pagas prorrateadas) se lleva a casa 1.584,75 € netos. ¿Qué ha pasado con esos 300 € que se esfumaron? Cotizaciones sociales (122 €) e IRPF (178 €). Pero eso no es todo.
La empresa, por esa misma trabajadora, paga en total 2.491 €. Es decir, hay casi 1.000 € mensuales que se pierden en ese agujero negro llamado Estado. Y luego vienen los impuestos indirectos: el IVA en alimentos, gasolina, luz, ropa, ocio… más tasas, seguros, IBI. Resultado: de cada 2.500 € generados, la trabajadora apenas disfruta la mitad.
Y no lo sigo sólo aquí también en el diario Cinco Días (ver), nada sospechoso de ser eso que crees que soy.
¿Socialdemocracia? No. Esto es tributocracia.
Te lo venden como conquista social, pero es un espejismo. El salario mínimo se sube por decreto, pero se cobra por goteo. Y lo poco que llega, se evapora en silencio.
La trampa está en la semántica. Nos hablan de «presión fiscal» (esa ratio amable entre impuestos y PIB), pero lo que importa es la carga fiscal real, la que pagas tú cuando vas al supermercado, cuando abres la factura de la luz o cuando te descuentan en nómina lo que nunca verás.
¿Quién sostiene el sistema? El que curra. La que madruga. El que factura y no defrauda. Los que no tienen tiempo de evadir ni de deducir. El que produce valor en un país que no sabe qué hacer con él.
Porque esa es otra: España lleva dos décadas perdiendo productividad. Según el IVIE y la Fundación BBVA, entre 2000 y 2022, cayó un 7,3%. Mientras Alemania y EE. UU. crecían más de un 10%. Aquí, más empleo de baja cualificación, más horas trabajadas, menos valor generado. Es decir: más personas, menos riqueza.
Y en medio de esta ruina productiva, seguimos discutiendo si el empresario es el enemigo o si el trabajador es un vago. Polarización barata para esconder el robo fiscal. Mientras tanto, Hacienda no perdona. Y el sistema no falla: te sangra por dentro, sin hacer ruido.
¿Quieres justicia fiscal? Empieza por preguntar: ¿Quién paga todo esto?
Que no te hablen de carga fiscal teórica. Paga el que produce. Siempre.
QUIZAS DEBAMOS NEGARNOS A SEGUIR…
«TRAGANDO SAPOS»

