«El verdadero horror de la existencia no es el miedo a la muerte, sino el miedo a la vida. Es el miedo a despertar cada día para enfrentar las mismas luchas, las mismas decepciones, el mismo dolor…»
Circula esta cita por redes, atribuida a Albert Camus. Pero no es suya. No está en El mito de Sísifo, ni en El extranjero, ni en sus cuadernos. Suena más a pastiche filosófico de red social que a pensamiento existencial. Me sonaba a más Schopenhauer.
Hace unos meses releí El extranjero de Camus, me resultó raro, pero la recordaba bastante fielmente.
Y claro que no es una gran historia, y además los personajes son normales, y ahí está el motivo por el cual gustó y sigue gustando la obra, porque es pura vida de la gente normal, con mal final, donde lo azaroso gobierna las vidas precisamente porque no ha propósito en ellas, no al menos uno que exijas mayor esfuerzo que el de vivir un día más, a lo sumo, llegar al fin de semana.
Me encantó hace a treinta años, y me gusta mucho más ahora.
Camus no se rinde, se rebela
Camus hablaba del absurdo, sí. Pero lo hacía para reivindicar la rebelión, no para justificar la desesperación. Esa frase, en cambio, huele a rendición. A resignación disfrazada de lucidez.
Eso no es Camus. Eso es más del estilo de Schopenhauer. El pesimismo con pedigree. La vida como rueda de deseo insaciable. El sufrimiento como condición natural. La voluntad como verdugo.
Ahora bien, reconozcámoslo: todos hemos sentido eso alguna vez.
No es que vivamos instalados en el nihilismo, pero hay momentos… Días grises. Rutinas pesadas. Mañanas donde el mayor logro es levantarse.
Y sí, ahí es fácil entender esa desesperación cíclica. No porque sea verdad absoluta, sino porque es verdad emocional.
No conviertas un bajón en filosofía
Lo peligroso es convertir esa sensación puntual en cosmovisión. Hacer de un bajón una filosofía de vida, y mucho menos de una oda a miedo a la vida. Porque ahí dejas de luchar. Te acomodas en la idea de que nada tiene sentido. Y entonces, irónicamente, dejas de vivir de verdad.
Y recuerda de quién estás rodeado, ¿de cenizos u de gente alegre y con proyectos?
Abrazar el absurdo y seguir sin miedo a la vida
No se trata de fingir entusiasmo. Se trata de no claudicar. Ni ante la rutina, ni ante el miedo, ni ante esa voz que dice que todo es en vano.
Camus proponía abrazar el absurdo. Mirarlo de frente y decir: «Vale, no hay sentido. Pero yo sigo aquí». Eso es rebelión. Eso es vida. Incluso en los días malos.
Sobrevivir no es lo mismo que vivir
Así que, la próxima vez que leas esa cita, no te preocupes por si es de Camus o de Schopenhauer. Pregúntate si está describiendo un mal día… o justificando una renuncia.
Porque no es lo mismo sobrevivir que estar vivo. Y a veces, el primer paso para despertar es recordar que no todos los días son una condena.
Lo contrario al miedo a la vida es lo siguiente:
La vida sigue, si tu quieres
